A estas alturas de mi carrera profesional, después de haber pasado por experiencias de varios tipos, no tengo la menor duda de que gestionar correctamente un proyecto es fundamental para su éxito. Parece una perogrullada tener que decirlo, pero me temo que algunos gestores muy malos salen bien parados porque tienen a su disposición un equipo de trabajo extraordinario, sin darse cuenta de que entorpecen el trabajo en lugar de facilitarlo.
Si crees que gestionar consiste en dar órdenes, emplear el látigo y exprimir al equipo que diriges sin importarte las condiciones de trabajo, estás muy mal encaminado: la gente huirá de ti y los proyectos saldrán mal y a cuentagotas. Sin embargo, esta actitud es común en ciertos entornos corporativos e incluso se fomenta.
Pero aquí hablo de gestionar para conseguir resultados excelentes y buenos productos de software.
¿Qué hace, en esencia, un gestor? No hay más: facilitar el trabajo del equipo que dirige y guiarlo con las actitudes y responsabilidades adecuadas y necesarias.
Y no es fácil, ni mucho menos.
Como digo, un mal gestor con un muy buen equipo puede arruinar un proyecto, pero lo contrario también es cierto: por muy buen gestor que sea, y por muy buena nota que haya sacado en una certificación como PMP o similar, si cuenta con un equipo cuyos miembros tienen carencias técnicas, nula implicación y motivación, y problemas para trabajar en equipo, ya sabemos cuál será el resultado.
En mi opinión, gestionar para que un proyecto de software tenga éxito requiere más habilidades personales que técnicas: es como un rompecabezas cuyas piezas hay que encajar correctamente para que todo funcione de forma aceptable. Hablo de proyectos de desarrollo de software, aunque lo que sigue también se aplica a cualquier otro tipo.
En la gestión hay algunos elementos imprescindibles que, en conjunto, hacen que el éxito esté prácticamente asegurado. Un buen gestor posee y trabaja bien las siguientes habilidades.
Planificación
Un gestor tiene que planificar con los pies en la tierra, asegurando el frágil equilibrio entre cumplir razonablemente las fechas acordadas con el cliente y evitar que el equipo trabaje bajo una presión excesiva y en malas condiciones, cuyo resultado suele ser código de peor calidad.
El gestor debe dedicar parte de su tiempo a planificar. Hay una regla de desarrollo personal que me llama poderosamente la atención porque no parece estar presente en nuestro día a día: cuanto más y mejor se planifica, menos tiempo se tarda en hacer las tareas.
No se debería hacer nada que no se haya planificado previamente. Lo contrario es trabajar sin orden, improvisando y sin saber distinguir lo urgente de lo importante.
Organización
Como es obvio, el gestor organiza. Pero organizar no consiste en dar órdenes para que se haga esto o aquello: consiste en saber encajar las tareas con la naturaleza del equipo que las va a realizar. Para eso hay que conocer bien a las personas con las que se trabaja, sus debilidades y fortalezas, sus preferencias e inclinaciones técnicas; me atrevería a decir que hay que conocerlas hasta cierto punto en el plano personal, para comprender la situación de cada una y saber quién está en mejores condiciones de hacerse cargo de determinadas tareas.
La organización funciona tanto de arriba abajo como de abajo arriba. También hay que organizar con el cliente los resultados del trabajo y las entregas, y gestionar los problemas y las incidencias.
Una buena organización permite que el equipo trabaje correctamente, con los medios adecuados y sin impedimentos. También hace que el trabajo sea productivo.
Dotación de personal
Formar un equipo es realmente complicado, y a veces te encuentras con que otras personas de la organización ya lo han asignado de antemano. Es fundamental contar con un equipo cohesionado e implicado en el proyecto.
Un buen gestor sabe detectar las dinámicas negativas del equipo y atajarlas de raíz, aunque haya que tomar decisiones difíciles.
Delegación
Si, como yo, has pasado muchos años en el lado técnico del trabajo y con el tiempo has ido asumiendo responsabilidades de gestión, sabrás que delegar cuesta mucho, sobre todo si crees que sabes hacer las tareas que necesitas encargar a otras personas. Sin embargo, delegar es fundamental para poder centrarte adecuadamente en las demás tareas de gestión. Un proyecto puede fracasar porque la persona responsable no sabe delegar o no está dispuesta a hacerlo.
Esta es mi opinión al respecto: un gestor que trabaja doce horas al día, vive estresado y tiene demasiadas cosas que dependen de él, sencillamente no está delegando.
Lo ideal es contar con personas que sabes que harán las cosas mucho mejor que tú.
Mantener un equilibrio entre los asuntos técnicos y los de gestión puede ser delicado. Personalmente, trato de compaginar ambas cosas y me mantengo muy activo en los nuevos desarrollos, las decisiones de diseño, etc.
Supervisión
No me gusta la palabra controlar. Entiendo que, si cuentas con un equipo cuyo pilar de trabajo es la confianza, no hace falta controlar: la gente debe ser responsable y saber qué tiene que hacer en su día a día. No obstante, sí hay que supervisar y estar al tanto del avance de las tareas, y es una actividad que debe hacerse continuamente. Si hay desviaciones, el gestor debe tomar las decisiones adecuadas para no poner en riesgo el proyecto.
Transparencia
Un buen gestor sabe comunicarse correctamente y debe informar con claridad sobre el estado del proyecto, tanto al resto de la organización (directivos, responsables, etc.) como al cliente final. Del mismo modo, debe mantener bien informado al equipo que dirige sobre determinadas decisiones y explicar por qué se ha decidido hacer una cosa u otra de una manera concreta.
Por último, lo bueno de todo lo anterior es que estas habilidades se pueden aprender.
Me atrevo a decir que un buen gestor que trabaja en una organización en crecimiento también dedica parte de su tiempo a enseñar las habilidades que ha adquirido a quienes, por su actitud, podrían asumir responsabilidades de gestión en el futuro.