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La economía compartida y las oportunidades para desarrolladores de software

La economía colaborativa, impulsada por Internet, abre nuevas formas de compartir bienes y servicios y plantea oportunidades tecnológicas y responsabilidades para quienes desarrollan sus plataformas.

LibrosEconomía Colaborativa
Vivir con menos (Albert Cañigueral)

Hace poco he terminado de leer este maravilloso libro de Albert Cañigueral, titulado Vivir Mejor con Menos, descubre las ventajas de la nueva economía colaborativa y, como me ocurre a menudo, no puedo evitar poner gran parte de las cosas que leo en relación con mi actividad como desarrollador de software y gestor de proyectos.

Por decirlo en pocas palabras, me siento entusiasmado por toda la información que ofrece Albert en su libro y por las enormes oportunidades que ya se están abriendo en este nuevo paradigma económico que sutilmente se está abriendo paso poco a poco.

La economía compartida (o sharing economy), por definirla brevemente, consiste en mantener una relación distinta con los objetos que consumimos y usamos: pasamos de relacionarnos con ellos en forma de propiedad a considerarlos como un servicio de intercambio, de ahí lo de consumo colaborativo.

Los paralelismos entre este concepto y SaaS, PaaS e IaaS (software / plataforma / infraestructura como servicio) son evidentes. De hecho, uno de los productos que comercializamos en la compañía para la que trabajo se ofrece como servicio con suscripciones periódicas y lo más sorprendente es que todos los clientes usan esta modalidad. No compran el producto, sino que pagan periódicamente por su uso.

Cuando se habla de economía compartida a uno se le vienen a la cabeza BlaBlaCar o Airbnb (plataformas muy populares en mi país); no obstante, eso es sólo la punta del iceberg. Lo más interesante de todo es que es una renovación de viejas formas de organización, quizá ancestrales, pero que con Internet como palanca tienen un efecto infinitamente mayor. Cuando hablamos de Internet, hablamos de software…

Gracias a infinidad de iniciativas que se están poniendo en marcha a través de portales y aplicaciones móviles, se están desplegando todas las posibilidades de organizar una economía menos centrada en el hiperconsumo y más en la colaboración y la confianza entre los individuos.

Quien piense que carreteras llenas de vehículos con un único conductor, por poner un ejemplo llamativo, son un futuro sostenible para nosotros y nuestros hijos, va por mal camino. Cambiar de un paradigma económico a otro ni sucede en dos días ni ocurre de forma evidente: ambos se solapan hasta que, una o dos décadas más tarde, nos damos cuenta de que hacemos las cosas de otra manera.

Para ello, la economía no cambia porque sí, sino que lo hace porque antes ha cambiado la mentalidad de las personas.

Todo esto, como digo, lo están posibilitando infinidad de sitios en Internet como forma básica de comunicación; ¿cómo, si no? Vemos cómo el trabajo de muchos desarrolladores, por tanto, no es sólo escribir software: también existe una responsabilidad, ya que a través de esos desarrollos cambiamos la forma en que la gente se relaciona y también cómo puede evolucionar la economía. Aunque parezca grandilocuente, es así.

En ocasiones digo eso de que es un magnífico momento, quizá el mejor, para ser desarrollador profesional porque parte de la economía se está moviendo hacia lo digital. Sin embargo, Albert indica en su libro que no queda ahí, sino que también la misma tecnología está modificando cómo nos movemos, relacionamos y consumimos y, en definitiva, está modificando la economía tradicional. El cambio es, por tanto, recíproco. Apasionante.

Tal y como afirma Albert, todo ello se está produciendo por la existencia de Internet, su uso masivo, la cultura digital, la omnipresencia de la tecnología y también por la crisis económica (que fomenta en las personas la necesidad de buscar alternativas que no dependan directamente de consumir con dinero).

La economía compartida es mucho más que poder compartir los gastos del coche en tus desplazamientos habituales; además incluye:

  • Couchsurfing: conseguir alojamiento basado en la confianza entre individuos y tu reputación en la red.
  • Carsharing y carpooling: no sólo compartes trayectos (como conductor o pasajero), también puedes ofrecer tu propio coche para que lo usen otros mientras a ti no te hace falta.
  • Alojamiento y alquiler de espacios entre particulares: ofrecer alojamiento a terceros en tu propia casa y tú mismo conseguir alojamiento gratis o de pago, siempre entre particulares y basado en la confianza. Esto incluye también el intercambio de tu propia casa con la de otro particular.
  • Coworking: ¿por qué no compartir los espacios de las oficinas entre distintas empresas o freelancers, reduciendo costes y además posibilitando el networking entre ellos?
  • Finanzas participativas como el crowdfunding (apoyo a proyectos) y el crowdlending (préstamos entre particulares), especialmente importantes en aquellos países donde la crisis económica ha supuesto una enorme restricción en el acceso al crédito… Esto también incluye iniciativas de ahorro colectivo.
  • Intercambio de divisas entre particulares, quitándote de en medio al agente bancario con sus comisiones.
  • Monedas sociales virtuales, siendo Bitcoin la más conocida, aunque hay otras.
  • Bancos de tiempo: no hace falta comprar el servicio de alguien; puedes intercambiar lo que todas las personas tienen, que es ¡el tiempo! Así le ayudas a tu vecino un día en algo y él a ti en otra ocasión, por poner un ejemplo.
  • Mercados de segunda mano: a mí, por lo menos, me remuerde la conciencia cuando tengo que tirar algo que aún podría usar alguien pero que yo no necesito. Al revés también: ¿por qué no adquirir algo que necesitas y que no tiene por qué ser nuevo? Reducimos así la fabricación continua de productos y los reutilizamos más antes de tirarlos a la basura.
  • Grupos de consumidores, compras colectivas, venta directa entre productor y consumidor y un larguísimo etcétera.

¿Ejemplos? Hay cientos y muchos con carácter local. Por poner algunos en los que me he interesado especialmente: Comunitae y Lendico (para préstamos colaborativos), Home for Exchange (para el intercambio de casas entre particulares), BlaBlaCar y Carpooling (para compartir coche), Social Car (para alquiler de coches entre particulares), Goteo, Verkami, Kickstarter e Indiegogo (para buscar financiación para proyectos), Puddle y TuTanda (como plataformas para el ahorro colectivo), Transferwise (para el intercambio de divisas entre particulares) y muchos más.

¿Alguien puede pensar que todas esas plataformas son sólo una prueba de concepto? Ni mucho menos: son realmente la cara visible de un nuevo paradigma con el que consumimos y compartimos de otra forma.

Yo creo que este movimiento, si es que se puede llamar así, no tiene marcha atrás y que es ahora cuando se están dando los primeros pasos. Con sus luces y sus sombras, lo que sí está claro es que una economía basada en el crecimiento ilimitado del PIB en un mundo cuyos recursos son finitos y donde el individualismo exacerbado vacía las farmacias de ansiolíticos y antidepresivos no es sostenible. Este paradigma económico emergente, no basado exclusivamente en el dinero y en la acumulación de bienes, sino en el intercambio y el uso de esos bienes, nos acerca un poco más a esa idea de dejar el mundo algo mejor que como nos lo encontramos. No es idealista, es una realidad que poco a poco está cambiando cómo nos relacionamos y ahora cómo consumimos. Sí, estoy firmemente convencido de que el software (y nuestro trabajo) se puede poner al servicio de causas de ese tipo, dándole mayor sentido a nuestro día a día.

¿Y a mí qué, si yo como desarrollador hago lo que me encargan?, podría pensar cualquiera. Sin embargo, este tipo de portales e iniciativas que aspiran a cambiar la forma en que nos relacionamos e intercambiamos bienes y servicios implican conocer ciertas tecnologías para su desarrollo e igualmente introducen un componente social en los productos. Por poner algunos ejemplos:

  • Miles de usuarios con mucho tráfico de información y assets que gestionar equivalen a cloud computing: despliegue en la nube de los sistemas usando bases de datos masivas.
  • Big data: con muchos usuarios comportándose en un portal de maneras diversas, hay que poner en marcha mecanismos de recolección de información masiva que ayuden a tomar decisiones y detectar realmente qué uso hacen los usuarios del sistema.
  • Usabilidad: puestos a disposición de todo el mundo, un portal colaborativo tiene que tener buenos niveles de usabilidad, y ésta tiene que formar parte de su ADN.
  • Multidispositivo: las herramientas tienen que estar en todas las plataformas posibles, vía webs responsivas o con desarrollos propios en aplicaciones móviles.
  • Si el portal es social, entonces vive de atraer usuarios; por tanto, hay que implantar más que nunca estrategias de SEO y SEM.

No es que todos los desarrolladores tengamos que ser expertos en todas y cada una de esas áreas, pero sí, desde luego, las tenemos que conocer en cierta medida.

Vivir Mejor con Menos es un magnífico libro; lo recomiendo encarecidamente. Un ejemplo más de cómo nuestra carrera profesional como desarrolladores o gestores de proyectos software se ve alimentada y enriquecida por todos aquellos movimientos que surgen con la tecnología como base.

Las ideas son una de esas cosas que no sólo no se gastan, sino que se multiplican cuando se comparten. — Albert Cañigueral

Lee el primer capítulo del libro aquí.

Por cierto, esta nueva ola era ya pronosticada o intuida allá por 1999 en el libro del filósofo y matemático español Javier Echevarría titulado Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno. ¡Cómo recuerdo aquel libro que leí con fruición hace tanto y cómo veo ahora plasmados en la realidad ecos de aquel libro!