Quizá estamos pasando una época en la que el mismo concepto de éxito se está redefiniendo de una manera totalmente distinta. Hasta hace bien poco, se consideraba una persona de éxito aquella que económicamente ha conseguido reunir una gran fortuna o patrimonio (sin importar la forma), una empresa de éxito aquella que ha crecido con dos dígitos porcentuales de año en año (sin importar la satisfacción laboral de sus ejecutivos, empleados y clientes), una familia de éxito aquella que vive rodeada de comodidades y maravillosas vacaciones en hoteles con todo incluido (sin importar tampoco la falta de conexión entre sus miembros), por poner algunos ejemplos. Al mismo tiempo el downshifting laboral comienza a ser un fenómeno cada vez más común.

¿Y qué demonios tiene esto que ver con el desarrollo de software?

Como en cualquier otra actividad profesional proyectamos en ella muchos defectos y virtudes que heredamos de nuestra vida diaria, aunque la relación no la veamos directamente.

Recientemente El Libro Negro del Programador ha recibido un comentario bastante elogioso desde Amazon.com y que, con permiso de su autor (al que agradezco profundamente), copio y pego a continuación:

"Lectura indispensable para los que nos dedicamos a la programación porque trata temas esenciales en cuanto a la productividad, la eficiencia, la calidad del software y el manejo del tiempo. La gran ventaja de este libro es que no es un libro mas sobre teoría de la ingeniería de software, sino que el autor aporta la gran experiencia que tiene y acierta en la solución los problemas a los que nos enfrentamos los desarrolladores a la hora de afrontar proyectos de desarrollo, explica con detalle cuáles son las malas prácticas que llevan al fracaso de los proyectos y plantea soluciones efectivas. Un punto clave que platea el autor es la importancia de nuestra profesión en el contexto actual mostrando las ventajas de ser un buen profesional del desarrollo, estas ventajas las muestra presentando un panorama muy positivo con grandes expectativas en el entorno productivo."

Para mí que el éxito se tiende erróneamente a asociar más al efecto que a la causa que lo provoca y de ahí que cometamos recurrentemente el error de embarcarnos en un proyecto sólo por su remuneración económica (vale, vale, ya sé que la pasta es importante, pero ni mucho menos es lo único), o ser amable con alguien para conseguir algo de esa persona, o apuntarnos a un intenso programa de ejercicio para adelgazar esos kilos de más, etc.

La cosa no funciona así, en absoluto: primero hay que ser (pero qué místico me está quedando esto), después hay que hacer y como resultado de todo eso, viene el tener: ser - hacer - tener. Ese es el orden ineluctable y que no falla nunca. 

Sólo cuando un proyecto resulta de utilidad a otras personas redundará en éxito económico, sólo cuando alguien nos cae sinceramente bien y le tratamos con respeto esa amabilidad se volverá a nuestro favor y sólo cuando nos gusta y hacemos ejercicio con regularidad y como algo integrado en nuestra vida, entonces conseguiremos estar en forma de manera perdurable.

Se suele hablar de éxito sólo desde un punto de vista económico, pero eso es una visión demasiado estrecha y simplista de la realidad. Nada me satisface más que uno de mis trabajos, como El Libro Negro del Programador, sea considerado de utilidad para otras personas: si con este proyecto he conseguido mejorar la vida y perspectivas profesionales de algunas personas, si les he ayudado a mejorar un poco, aunque sólo haya sido un poco, sus trayectorias laborales, si les ha servido para no cometer alguno de los errores más típicos y recurrentes en software, sólo entonces, consideraré El Libro Negro del Programador como un trabajo de éxito, y sólo si esto es así será cuando algo me llegue en forma de royalties...

El comentario anterior me llena de satisfacción y ánimo por la sencilla razón de que me muestra que el libro resulta de utilidad: esta es en realidad la esencia de cualquier proyecto con el que queramos conseguir algo. Cualquier trabajo, del tipo que sea, enfila hacia el éxito si sabe identificar necesidades no cubiertas y si al final resulta de utilidad a un grupo de gente que estará dispuesta a pagar por él. Así de sencillo, pero al mismo tiempo tan difícil de tenerlo en cuenta en todas nuestras decisiones.

En software a veces se nos olvida que lo que hacemos, el código que escribrimos, las interfaces de usuario que diseñamos no las hacemos para nosotros mismos sino para el cliente final. También se nos olvida que debemos escribir código de forma que cualquier persona que retome el proyecto en el futuro lo pueda asumir sin tener que desentrañar una aplicación con un diseño críptico e imposible de entender.

Me temo que me encuentro con personas que alardean de trabajar para una gran compañía, de ámbito internacional, pero que al mismo tiempo se quejan de tener que viajar tan frecuentemente que no pueden estar todo el tiempo que les gustaría con sus familias. Quizá tienen un saldo bancario excelente, pero ¿qué tipo de éxito es aquel que nos impide lo esencial, como es el estar con nuestros hijos, a cambio de una remuneración alta? Desde fuera pueden ser vistas como personas de éxito, pero desde dentro la cosa será muy distinta. Es sólo un ejemplo de cómo ese mismo éxito tiene muchas caras, luces y sombras.

Las personas que llegan a nuestra profesión exclusivamente como salida laboral tienen pocas probabilidades de encontrar un hueco a largo plazo en esta actividad tan exigente; claro que es legítimo buscarte la vida lo mejor que uno pueda, pero esta exigencia que es consustancial a nuestra profesión sólo se puede superar si realmente te gusta.

Los mejores profesionales que conozco son aquellos que realmente disfrutan con lo que hacen, que adoran su trabajo y a veces lo confunden con su mejor hobby. Un síntoma inequívoco que nos indica si lo que hacemos nos apasiona es si llegamos a ese estado de flujo en el que el tiempo, sencillamente, deja de existir y el cansancio no es más quen una simple anécdota. Si este estado del que hablo te suena a chino, entonces es que nunca has estado tan inmerso en una tarea que no te ha importado nada más.

Sólo estas personas pueden aguantar los momentos de crisis, las tensiones que se producen cuando se acercan las fechas de entrega peligrosamente, porque saben que en el fondo, están esperando esa maravillosa sensación adictiva que es entregrar un buen trabajo e irte a casa con la sensación de que te mereces el dinero que cobras por él.

¿Utópico?, de ningún modo, conozco personas así y son las que al estar con ellas irradian energía de arriba abajo, que hablan de lo que hacen con un entusiamo visceral y que lo proyectan en todo lo que hacen. Eso sí que es para mí éxito, la enorme suerte de poder vivir de aquello que te apasiona y no trabajar para otros mercenariamente por una nómina. Ni que decir tiene que tenemos que vivir de algo, pero ¿qué sería del mundo si asumiéramos un concepto de éxito más en relación a la calidad de vida, bienestar y sosiego mental, satisfacción con lo que uno tiene y es, relaciones armoniosas, ausencia de estrés y, por supuesto, la satisfacción de aportar y dar por sí misma? Seguro que el PIB sería entonces muy distinto...

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Segunda Edición - 2017

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