Quizá por el entorno laboral en el que me muevo o por el tipo de productos software específico en el que trabajo, veo desde hace unos años una tendencia imparable; sí, ya sé, ni la nube es algo nuevo y tampoco es una moda que todo el mundo olvidará dentro de unos años. Lo que quiero decir es que más allá de titulares y opciones disponibles para desarrollar software, comienzo a ver en el día a día un interés real sobre todo lo relacionado con soluciones en cloud entre los clientes y las empresas que les proveen de soluciones software.

La razón de esto es sencilla: costes más reducidos y plataformas de servicios en la nube muy maduras que comienzan a ser bien conocidas por las empresas que desarrollan software.

Tenemos actualmente clientes que utilizan nuestros productos en modo Saas (software as a service) desplegado en la plataforma de computación en la nube de Microsoft, Azure, y la verdad, la experiencia desde hace dos años es extraordinaria.

Realmente estamos viviendo un cambio de paradigma en el desarrollo de productos software, muy real y muy a tener en cuenta entre aquellos que ahora mismo se están formando para esta profesión, aunque lo que quiero destacar aquí es que contrariamente a lo que algunos creen, programar para la nube no tiene en absoluto nada que ver con programar una solución para su despliegue en equipos locales en los que tú mismo o alguien de tu empresa administra.

Programar para la nube es además poder usar una serie de servicios que sólo están disponibles en esa infraesctructura y que afectan a la naturaleza de tu aplicación.

Es verdad que una aplicación para escritorio o con una interfaz de usuario web la puedes desplegar en una infraesctructura en la nube (con Azure, Amazon AWS, Rackspace, etc.); sin embargo la nube ofrece muchísimos más servicios para el desarrollo de aplicaciones. Utilizar los servicios que todos esos proveedores te ofrecen no es sólo tener un medio sencillo para hostear tu aplicación, es muchísimo más.

Si decides comenzar un nuevo sistema desde cero teniendo en cuenta algunos de esos servicios, la anatomía de tu aplicación será muy distinta que si usaras otro tipo de infraestructura.

Azure es desde luego el servicio que mejor conozco, aunque he hecho pruebas para algún proyecto prototipo con Amazon AWS y Rackspace con una percepción muy positiva.

Hablar de la nube es también hablar de escalabilidad a un coste razonable e infraestructura para almacenar datos de manera masiva. La explosión de todo lo relacionado con el big data y el Internet de las Cosas (IoT) no serían posible si no existieran servicios de computación en la nube a unos precios realmente asumibles para muchas compañías. Es más, la tendencia es que los precios vayan bajando cada vez más.

En Azure, por ejemplo, me gusta en especial todos sus servicios de almacenamiento masivos; según las necesidades de tu aplicación, puedes optar por una base de datos relacional administrada (Sql Azure) con distintos sabores de rendimiento, un servicio de almacenamiento de tablas no relacional para almacenamiento masivo de información sencilla con particionado automático (table storage) y también almacenamiento masivo para ficheros (para disponer de tu propio CDN, etc.). Esto es sólo la punta del iceberg y un sencillo ejemplo, aunque lo importante es que todos esos servicios están accesibles a través de una API que puede ser accedida por distintas tecnologías y lenguajes (C#, Node.js, php, etc.).

Ya no se trata sólo de programar bien, saber plantear las mejores arquitecturas eficientes, simples y mantenibles para una solución en concreto; además hay que conocer todas esas posibilidades de despliegue hacia las que se está moviendo el mercado. El éxito de un producto software no está sólo en su desarrollo, también en encontrar una solución de despliegue eficiente, mantenible y al menor coste.

Con un mercado que puede ser global, lejos quedan los tiempos en los que hacías un portal web hosteado en un servidor dedicado sin pensar demasiado en qué pasaría si el número de usuarios creciera diariamente un 5%...

Lo interesante de todo esto no es que los servicios en la nube están disponibles sino qué cosas seremos capaces de hacer con esos servicios económicamente asequibles para crear nuevos tipos de soluciones.

Este paradigma de desarrollo tiene un gran impacto no sólo en lo que nos afecta a los desarrolladores de software, responsables de proyectos o aquellos que como yo, tenemos la responsabilidad de elegir las mejores tecnologías para lo que desarrollamos; también afecta a la economía real al escalar procesos y crear nuevos mercados donde antes no los había.

En mi opinión, y por poner un ejemplo, todas las plataformas, soluciones y propuestas relacionadas con la economía colaborativa tienen mucho que ver con poder ofrecer sistemas muy escalables (con miles o millones de usuarios) a un coste que hace pocos años sólo se lo podían permitir grandes multinacionales.

La economía colaborativa no es una entelequia para gente alternativa, es una realidad creciente y más que apreciable en nuestro día a día y si no que se lo digan a Albert Cañigueral, cuyo magnífico libro recomiendo.

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