Haruki Murakami - El fin del mundo y un despiadado país de las maravillasPuff..., casi siempre al comenzar el año el que más o el que menos hace una lista de buenos propósitos, de objetivos para los próximos doce meses. En cierta medida, yo lo también lo hago, pero sobre todo me gusta mirar un poco atrás y ser aún más consciente de dónde vengo (por eso de saber mejor hacia dónde voy).

Y desde luego, puedo decir que ni he tenido un trabajo rutinario desde que terminé la carrera ni que me he mantenido en el mismo tipo de rol. ¿Podría haber sido de otro modo? Pues ni idea, seguramente sí, ya que yo mismo he sido responsable de mis acciones y decisiones. ¿Quién si no?

Echo la vista atrás y ojalá los próximos diez años sean igual de intensos y productivos.

Me gusta Haruki Murakami y me le ha acompañado desde que cayó en mis manos casi por casualidad uno de sus libros allá por el noventa y pico.

A modo de resumen...

"...no vaya a ser que cambie tu modo de pensar". Leí una vez en un libro de esos de desarrollo personal.

Comienza el año y después de tanto Rosco de Reyes (dulce típico en España y que pone fin a las navidades), te das cuenta de que ya es enero, vuelves al trabajo y esa enorme lista de propósitos y proyectos que alegremente hacías en diciembre, ahora la tienes delante y es hora de empezar a hacer cosas.

O sea, lo de siempre, comienza el camino para que al final del año, si nos seguimos acordando de esa lista, nos demos cuenta de que no hemos conseguido ni la mitad de la mitad. Es más, yo creo que esas promesas de mejora para el nuevo año entrante son más bien un tirar hacia delante y una excusa para justificar lo difícil que nos resulta actuar y hacer lo que debemos y queremos hacer. ¿O no?

Vale, sí, yo soy el primero que uso esas listas, las uso desde hace mucho con mayor o menor éxito. Uno de mis propósitos para este año se seguir leyendo más y mejores libros de todos los temas que me interesan, muchos de ellos de tecnología, otros de desarrollo personal, etc. 

¿Es que puede ser de otro modo? ¿Puede existir cualquier negocio o profesión que no avance sin seguir aprendiendo? Todo evoluciona, si no lo hacemos al mismo ritmo que todo lo demás, podemos terminar intentando vender algo a clientes de un mercado que desapareció o se transformó hace mucho.

Avanza el verano y en breve me tomaré unas semanas de vacaciones. Es como una especie de parón en tu día a día, en el trabajo, en la rutina familiar.

¿Cómo ha ido en un sentido general esta primera parte del año? No puedo evitar hacerme preguntas de este tipo. Así que aunque no soy muy dado a compartir reflexiones introspectivas en mi web, haré un resumen de este agitado año, al menos desde el punto de vista profesional y técnico, de todas las cosas y temas con los que he tratado.

Durante esta primera parte del año hemos cerrado proyectos importantes y abiertos otros nuevos, trabajamos en la realización de un prototipo software con el que vamos a preguntarle al mercado el interés que puede haber en él y planteamos ya una revisión profunda de uno de los productos que comercializamos.

Del mismo modo he avanzado en varios proyectos personales (he registrado mi primera marca) y por fin hemos puesto la primera piedra, como se suele decir, en otro proyecto después de tres años de planos, arquitecto, licencias, etc.

Lo que me pregunto es cuánto hay de mi forma de gestionar los proyectos software que dirijo en todos esos proyectos que, digamos, se gestan fuera de mi horario laboral, y al revés. En definitiva, creo que para cualquier actividad valen los conceptos de definición de roles y en todas es mucho mejor la colaboración que la imposición. Es liberador saber que no tienes que llevar siempre la razón y que el mundo se modela a medida que haces cosas y resuelves problemas.

Lo que sí sé es que en todos esos proyectos, sean del tipo de que sean, se avanza resolviendo problemas. No hay más. Emprender en algo consiste en resolver los problemas que van surgiendo de la forma más ágil posible. En realidad, cualquier problema es algo que tienes que aprender y sólo la carga emocional negativa que le quieras dar es lo que lo convierte en un problema. En fin, que divago.

A continuación escribo sobre lo mas significativo para mí de esta primera parte del año.

Trabajar en distintos ámbitos tiene algo de fascinante, terminas dándote cuenta de cómo lo que haces en uno enriquece los demás y al revés.

Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto basado en MEAN que al mismo tiempo me está permitiendo sentar las bases de un proyecto de I+D que estamos realizando en la compañía para la que trabajo y que desarrollaremos durante 2015 y 2016; este proyecto consiste en un sistema de detección y diagnóstico de incidencias para el despliegue de cuatro millones de smart meters, de la mano de una compañía de distribución eléctrica nacional. Big-data con Hadoop, su despliegue en la nube con Azure, el análisis y explotación de esos datos más una capa de servicios que consumirán terceros sistemas serán las partes esenciales del proyecto y en cuyas tecnologías nos vamos a meter de lleno en los próximos meses.

¿Qué puede garantizar que tendremos éxito en ese nuevo proyecto reconociendo que algunas de las tecnologías que vamos a usar son relativamente nuevas para nosotros?

Si crees conocer muy bien la tecnología X, ¿qué te hace pensar que serás capaz de sacar provecho a otra totalmente distinta?, ¿te asegura acaso que vas a tener éxito con un nuevo stack que debes usar para un nuevo proyecto cuya naturaleza no tiene nada que ver con lo que has hecho hasta ahora?

Para un responsable de proyectos, ese es un riesgo que hay que considerar a fondo.

Un desarrollador de software o un equipo de trabajo sólo pueden tener éxito en cualquier proyecto si son capaces de mantener firmemente una serie de principios de desarrollo y métodos que se pueden aplicar a cualquier tipo de tecnología.

Por tanto, aún teniendo valor, me da siempre qué pensar cuando escucho afirmaciones del tipo "soy experto en C#", "nivel avanzado de administración de Sql Server", o "desarrollador front-end con AngularJS", etc, cosa que se suele ver en todos los currículums que me llegan (y por qué no, en el mío propio hasta hace pocos años). Todo eso es fantástico, pero no suficiente...

Si dominas una serie de principios serás bueno y tendrás éxito en cualquier proyecto software independientemente de las tecnologías que se usen.

Sin clientes, ¿a quién le venderíamos nuestros productos o proyectos software?

Esto es evidentemente una obviedad, es una desfachatez siquiera comentarlo; sin embargo, no siempre tenemos a esos mismos clientes en cuenta para escucharles y que en cierta medida nos ayuden a mejorar todo aquello que hacemos y cómo lo hacemos.

Por lo general, no programamos o trabajamos en un proyecto cuyo cliente o usuario vamos a ser nosotros mismos, sino que siempre, de algún modo, vamos a realizar algo para que lo utilicen otros. No entiendo, por tanto, por qué no se trabaja intensamente con una actitud de escucha y recopilación activa de sugerencias y críticas para mejorar aquello que hacemos.

Es cierto esa frase ya clásica en software que dice que "el cliente no sabe lo que quiere" hasta que se le comienza a enseñar algo de esa nube abstracta de funcionalidad y requerimientos que pide. Pocos, muy pocos proyectos, comienzan con una definición clara y exhaustiva de requisitos. Por tanto, lo más normal (y natural) es que el cliente o nuestros usuarios comiencen a matizar y a solicitar nueva funcionalidad cuando ya por fin tiene algo entre manos que tocar y usar.

Esto no es malo, no hemos hecho nada erróneamente: sencillamente es lo habitual. Hay que vivir con ello y sabiéndolo, anticiparemos posibles problemas por desviaciones en tiempos y esfuerzos.

En realidad, esa falta de definición inicial es una gran ventaja si la sabemos usar correctamente.

Durante el trabajo escribiendo El Libro Negro del Programador y después de su publicación (hace ya medio año), he recibido multitud de mensajes, sugerencias y observaciones. Todos esos comentarios me ayudaron (y lo siguen haciendo) a mejorar lo que hago, pero algunos de ellos me dieron bastante que pensar.

En concreto me indicaban que por fin se escribiera afortunadamente en castellano un libro en el que se recogieran el tipo de experiencias que trato en él y se hablara explícitamente de clean code, refactorings, etclo que me chocó bastante con la suposición de que los desarrolladores de software, programadores, analistas, informáticos en general, tengan un dominio suficiente del inglés como idioma en el que se encuentra gran parte de la literatura técnica que abarrota nuestras estantarías.

Pues bien, esa suposición no es del todo cierta y muchas veces lo que se pretende es poner en el currículum lo que se espera poner en él. ¿Habéis visto alguna vez un currículum en el que alguien no ponga eso de "nivel medio de inglés hablado / escrito"?

Unos meses atrás tuve en la oficina donde trabajo dos becarios que durante un tiempo hicieron con nosotros sus prácticas. Reconocían que les costaba mucho leer en inglés y que además preferían mil veces leer posts o libros en español.

No estoy hablando de que se ignore que nuestra profesión esté dominada por el inglés y que si queremos ofrecer nuestros servicios en un mercado global, necesariamente, sí o sí, hay que hacerlo en ese idioma. De lo que se trata es de reconocer que existe un enorme vacío de contenidos técnicos de desarrollo de software de suficiente calidad y de prestigio en nuestro idioma materno, y precisamente por ello existe una gran oportunidad para llenarlo.

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Segunda Edición - 2017

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